Olivo

El olivo tiene una hoja que admite muy bien el abono foliar. Cuando el olivo lo recibe, responde bien a sus aportaciones de nitrógeno, potasio y microelementos. El abono foliar para olivos se puede administrar aprovechando el tratamiento de productos fitosanitarios, siempre respetando tanto las dosis como el plazo de seguridad.

La absorción de los nutrientes por parte del olivo se potencia si la temperatura es suave y si la humedad ambiente es elevada. Además, el olivo ha de tener una proporción importante de hojas jóvenes. Por tanto, la época ideal para el abono foliar del olivo es la Primavera, entre los meses de Abril y Julio.

Cuando se suministre el abono foliar al olivo, hay que considerar que su función es acompañar el abonado de las raíces, no sustituirlo. Se trata de aplicaciones complementarias a las que se hacen vía suelo o fertirrigación y se deben tener en cuenta para que no se produzcan duplicaciones. Una correcta aplicación del abono foliar en el olivo asegura resultados positivos de manera rápida.

Para un correcto abonado del olivo se deben tener en cuenta la capacidad productiva del olivo, la disponibilidad de agua, la fertilidad del suelo y el estado nutritivo de la planta.

En olivares con baja productividad, las necesidades nutritivas pueden estar cubiertas de forma natural por la mineralización de la materia orgánica del suelo y las aportaciones del agua de lluvia y riego. En los altamente productivos, las necesidades nutritivas pueden superar la capacidad de abastecimiento natural del árbol, y por tanto, para asegurar su rendimiento es necesario complementarlo con abonos.

La fertirrigación es una de las técnicas de fertilización más idóneas, ya que los nutrientes del abono líquido para el olivo se combinan con el agua y llegan más directamente a su raíz, proporcionando una nutrición equilibrada.